miércoles, 8 de septiembre de 2010

Manuel Imán: "Hay un problema de educación cívica musical"

El tiempo pasa que vuela". Manuel Imán vuelve mañana jueves a la sala Milwaukee, donde tan buenos ratos ha echado en los últimos años. Nueva cita ineludible con otra leyenda del rock andaluz, sevillano poseedor de un color especial ganado a pulso y púa. Y un prestigio acústico y eléctrico, como las guitarras que empleará en el patio del local portuense junto a un invitado de tronío, del todo inesperado, con quien espera alcanzar la complicidad. El que fuera guitarrista de Imán (Califato Independiente), y antes de Goma, ofrecerá un recital muy del gusto de su leal público: temas originales, alguna joya del pasado, blues, rock e improvisaciones varias. "Vamos a pasarlo bien, incluido yo mismo", bromea el músico, que está preparando nuevo disco, el sexto de su carrera en solitario.
A medio camino entre California y Sevilla, de sol a sol, Manuel Rodríguez, el fino e inspirado instrumentista, casi niño prodigio de la generación precursora del rock con acento andaluz, observa con ilusión y cierto escepticismo el renacimiento de grupos de la época, pero posa los pies en el suelo a la hora de hablar de Imán. "Es complicado reunir a un grupo cuyos componentes viven separados por miles de kilómetros. Cai, y otros nombres de la zona, lo han tenido más fácil, aunque la crisis afecta a todos". Manuel desvela que Imán grabó, en los estudios jerezanos de Josema García Pelayo, "dos o tres temas completos, a falta quizá de algunos arreglos, pero la cosa quedó en stand by, estuvimos tocando una semana, digamos que tenemos los gérmenes de varias piezas nuevas, pero insisto, no corren tiempos para retornar, tendríamos que contar con una fuerza, una oficina detrás. Cuando nos reunimos de nuevo, con motivo del treinta aniversario, hubo apoyo del Ayuntamiento de Jerez, por ejemplo, pero ahora los municipios andan de ruina. Y con los recortes presupuestarios, lo primero que cae es la cultura".
El guitarrista no olvida la ascensión y caída del rock por mor de los ayuntamientos, precisamente, que "se cargaron la competencia, pagaban sin rechistar a grupos que inflaban sus cachés, jugaron con los dineros públicos y pusieron al empresario privado contra la pared". Ahora, el vacío existencial y la búsqueda de fórmulas. "Ocurrió en los ochenta y también después. Desde América hablaba con músicos amigos que me contaron el destrozo que causó Operación Triunfo. Rosa llegó a cobrar lo mismo que Rocío Jurado, una locura artificial que se ha venido abajo. Siempre habrá músicos tocando, claro, e internet abre puertas al mercado, pero creo que España vive un problema de educación cívica con respecto a la música; somos líderes en piratería, en descargas ilegales. En el extranjero están acostumbrados a pagar. La cultura del gratis total no se sostiene, hay que fomentar un cambio de mentalidad. No quieren pagar nueve euros por un disco pero se gastan cuarenta en una noche de copas, toda una contradicción. Si se pudiera descargar el entrecot por la red otro gallo cantaría", incide de veras pero con guasa. "No hay manera. Hay gente que piensa que el músico quiere cobrar más de una vez por su trabajo, un disco, que cuesta mucho preparar y registrar. No quieren entender. Lástima que aquí no haya un sindicato de músicos con la solidez que, por ejemplo, en México, donde exigen a los artistas foráneos que contraten a músicos locales durante las giras". De los cánones digitales, los derechos de autor en la red y el porcentaje de dignidad que corresponde a cada autor, mejor ni hablar. "La música es un misterio".
Manuel recuerda la noche gloriosa del Pemán, cuando Imán retomó la senda, un momento irrepetible, compartido con Cai y Chano Domínguez, que mantuvo al público en vilo durante todo el recital. "Alguien exclamó que la gente no se levantaba así de sus asientos desde los tiempos de Rocío Jurado". Manuel mira atrás y goza rememorando los cinco años que Imán vivió en el Camino del Águila, en las Dunas de San Antón, El Puerto de Santa María, el cuartel general de la célebre banda, que vivía al estilo comuna con un alto grado de espiritualidad, precisamente en el mismo rincón donde luego residieron Javier Ruibal y el mismo Domínguez. "El año pasado volví al chalé de Imán y algunas cosas permanecían exactamente igual que a finales de los años setenta". Pura nostalgia de futuro. Manuel apunta que Imán era una comunión, más que una unión de hecho, "un estado de conciencia musical" que transportaba al público al lugar elegido. Sin drogas. Imán no necesitaba aditivos ni colorantes. Manuel relata cómo nació Tarantos, la suite instrumental que compusieron los imanes sobre la marcha, en una suerte de magia a tiempo real, en uno de sus primeros conciertos, en la discoteca April de Rota. Y se muestra orgulloso y expectante con la biografía del grupo que prepara la asociación Arabiand Rock. "Estamos colaborando en la medida de lo posible con material e historias de la época".
A Manuel le parece increíble, volviendo al desértico y cruel mercado discográfico nacional, que la mayoría de sus discos en solitario, a cada cual una joya para coleccionistas, no se hayan editado en España, de tal manera que el aficionado no puede calibrar la evolución del músico de Imán a su madurez artística, la world music como paso lógico y natural. En la sala Milwaukee, el músico sevillano despachará sus discos de un modo especial, dedicándolos al aficionado de puño y letra en la portada. Vuelta a los orígenes artesanales de este mundo locati. "Muchos no saben ni que existen mis discos en solitario, así que voy a entregarlos personalizados. La imaginación al poder".
Como Manuel Rodríguez, antes llamado Manolito Undeground, Manolito Goma y un largo etcétera de Manolitos dada la tierna edad con que se dio a conocer en los ambientes musicales sevillanos, no cree en las etiquetas, mejor no debatir sobre el pasado, presente y futuro del rock andaluz. Ni desvariar en torno a la enorme influencia de grupos como Pink Floyd o Weather Report en la música eléctrica hispana. Imán siempre fue mucho más. "Es cierto, sonábamos bien, sacábamos mucho partido a poco equipo, parecía que nunca fallaba".
El músico del siglo XXI viaja ahora con su ordenador portátil y todos los avíos eléctrónicos necesarios para componer y grabar sobre la marcha, un estudio ambulante cuyas producciones vuelan por la banda ancha de costa a costa. Quién le iba a decir a Manuel que iba a contar con tales herramientos cuando a los catorce años, poco antes de estrenarse como guitarrista, ganaba un concurso musical en la Universidad Laboral de Sevilla cantando un tema de los Bee Gees. Increíble, pero cierto. "Yo estaba aún en el instituto, convocaron un certamen y gané el apartado de cantante solista, es verdad lo que cuentan. Y luego me dediqué casi exclusivamente a la música instrumental, es curioso. Pocos saben que el concurso de grupos se lo llevño una banda llamada Los Tormentos que luego resultó ser Storm", mítico combo sevillano de rock duro que ultima, por cierto, su regreso a los escenarios. Manuel Rodríguez nunca se fue. Si acaso, viajó a lugares cada día menos remotos. Como el tiempo, que vuela a su paso.
Septiembre, Cultura, Diario de Cádiz

4 comentarios:

sheila dijo...

interesante entrada,
gracias

Manuel Corrales Scota dijo...

Aparte de alguna matización a lo que dice Manuel Imán en la entrevista, pero que al ser un extracto no voy a comentar sin conocerla totalmente, sólo una observación, The Storm no son de Córdoba sino de Sevilla, quizás el lapsus del maestro se debe a su tema "Un señor llamado Fernández de Córdoba" ;)

Enrique Alcina Echeverría dijo...

se me fue el santo al cielo, los Storm son sevillanos, claro, Manuel, fue un error mío, salud !!

Anónimo dijo...

si de educacion y clase
y de memoria