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A sus 75 años, Paco Ibáñez mantiene su espíritu activista y aparece en todos los espejos de la poesía cantada. Pablo Neruda, García Lorca, José Agustín Goytisolo, Gabriel Celaya, Góngora, Quevedo, Hernández, Machado, León Felipe, y tantos otros. La obra de tales poetas fue divulgada por Ibáñez desde que el chaval valenciano, aunque de recias raíces vascas, aprendiera a tocar la guitarra en París, tras huir con su familia a los catorce años. Descubrió a Yupanqui y a Brassens, aprendió el oficio de ebanista, conoció el re mayor en carne propia, escribió su primera canción en 1956 inspirado por una foto de una chica andaluza toda de negro. Nacido un 20 de noviembre, paradojas de la vida y de la muerte, Ibáñez sufrió la censura en diversas ocasiones, intentó volver a España con resultados desiguales, hasta que se estableció de nuevo en la Piel de Toro en los años noventa. Y compartió sensacionales recitales con Alberti, a galope tendido, poesía en carne viva.
La nueva dimensión de la poesía, en la voz de Ibáñez, la voz libre de España en tiempos oscuros, el cantante que mostró a los jóvenes de la transición el camino de la poesía, un tipo rebelde y consecuente que jamás ha vendido su flequillo infinito. "El músico con el que sueñan los poetas", según la definición de Gabriel Celaya.
Diciembre 09, Cultura, Diario de Cádiz
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