jueves, 2 de julio de 2009

Maribel y los días justos

No va de princesa, ni de matahombres, ni de señora estupenda. No aparece cada semana en las revistas de colorines, ni siquiera se vende más de lo necesario. Aquí, al norte de África, esperamos aún la peli de Coppola, pero celebramos el reconocimiento que por fin ha llegado a la actriz del cambio de siglo, Maribel Verdú, su brillante trayectoria la avala. La vemos reír y llorar, la oímos callar, la llevamos en el corazón, rendimos ahora pleitesía a su trabajo y a su encanto personal, a sus chispazos de genialidad y a su humildad y paciencia. En estos días justos y agridulces, el futuro imposible deja pateras en el mar, muertos en la orilla, gritos en el silencio, mientras los estafadores de ricos pierden los papeles. La realidad y la ficción, a porfía. Maribel pone color a estos días, desprovistos de sal común, y sazona los misterios, las pasiones, las palabras y las señales de interrogación. Premio Nacional de Cine sin viajar a la Nba.
Al margen del tiempo, dos detalles, uno a puerta cerrada, otro al aire libre. El primero corresponde al capítulo de manías. Quiosquero manazas se empina para alcanzar la revista mensual de rock que el consumidor mira como si fuera a escaparse de las manos invisibles del ritmo machacón que golpea sobre la rutina y los plazos. El nota agarra la revista por el cuello, la zarandea, la dobla en dos o tres para hacer un hueco entre la letra y la imagen impresas. "No la quiero, para usted, esa revista está usada", suelta el cliente mosqueao. Y confiesa su manía: no soporta que alguien abra un disco con los dedos pringosos, ni que pintarrajeen o marquen los libros, ni por supuesto que violen sus revistas o diarios. Una manía más.
La anécdota final, significativa y sujeta a interpretaciones, se escenifica en un taller de coches perteneciente a conocida firma de origen francés. Una mujer baja del coche sonriente y relata los achaques del auto, que se va pa la derecha de forma extraña, bascula sin ton ni son. ¿El coche se va la pa derecha, señora?, pregunta el técnico como si no hubiera escuchado el análisis previo. "Pues mejor irse pa la cuneta que chocar", sentencia. Y el asombro.

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