sábado, 12 de diciembre de 2009

Croqueteo y politiqueo del Doce

"El 2012 se ha olvidado de la gente. Lo ha contaminado no la política, sino la mala política, el partidismo, la instrumentalización descarada que el ciudadano ha percibido con claridad, y así vamos a llegar al Doce, como si el Bicentenario fuese un escaparate político y no la conmemoración del nacimiento de la propia política, amén de las libertades del pueblo, o simplemente un acto más de croqueteo, visitas, espectáculos y ágapes diversos. La gente irá al Doce como quien va a la Gan Regata, el mercadillo medieval o los grandes croqueteos gaditanos". José Pettenghi, desde su condición de feliz jubilado del sector educativo y a la sazón ex concejal de ese lentísimo ayuntamiento, habla clarito, dice lo que piensa, no se ajusta a los cánones gaditas pero cuenta con numerosos seguidores como columnista. Lleva veinte años escribiendo en el Diario, "donde jamás me han tocado una línea", y heredó la columna local de su padre. "Primero fui costumbrista, pero he derivado en idignado o indigno. No me callo, pues la dieta de sapos suele ser bastante indigesta". En cambio, nunca cruza la delgada línea roja. Habla y escribe sin faltar. Nunca falta a su cita con la ironía. Pertenece a la generación bañada por la cultura anglosajona. "Soy hijo de Discos Elisia, crecí con Roy Orbison, conocí a Aphrodite's Child junto al gran Antonio Reguera, con estos apellidos, Pettenghi Lachambre, no me puede emocionar el flamenco". Su rostro se ilumina cuando se refiere al eterno Silvio Rodríguez, no el cubano, sino el rockero sevillano, que conoció en el Club Yeyé, un antiguo local "moderno", no confundir con los picos.
Escéptico ante el Doce más Uno, Pettenghi considera "fatal" que La Pepa ni siquiera haya logrado la unidad territorial en la provincia gaditana. "El Diez para San Fernando; el Once para Puerto Real, pa darle de comer; el Doce para Cádiz; el Trece para el barrio Jarana; el Catorce, El Portal, el Quince para Bornos, y así sucesivamente". Qué ambiente.
Ojo a las palabras de este gran observador de las luces y sombras de Cádiz."Esta ciudad viaja entre el cero y el infinito, pasamos de jugar contra el Macael a disputar la Uefa, de la euforia al derrotismo. La unidad de peso gaditana es el mojón de a kilo, con perdón, así que nos espera un Bienvenido Mr. Marshall de categoría. Si los toros de la película de marras fueron un escándalo, que se preparen el Mercadona y Soriano porque a avituallarse toca, no vamos a salir de casa durante todo el Doce, y seremos debidamente cacheados al entrar y salir". ¿Salir, entrar, segundo puente, Cortinglé? "La gente que visite Cádiz, incluidos los jefes de Estado, se quedarán a pernoctar en la cuarta planta, menaje y hogar".
En un rincón tan sonriente como sieso, tan hospitalario como peligroso, Pettenghi encuentra mil motivos para reírse de uno mismo. Hombre natural y nada estirado, compara la corbata con "la bandera del tieso", resalta que el humor con denominación de origen distingue a Cádiz precisamente por la autocrítica y el cachondeíto de autoservicio, frente a la gracia de Sevilla o Jerez, "donde se estila la poca cintura, aunque en Cádiz cada vez se practica menos el humor propio, el humor disparatado pa tirarse al suelo. Reírse de uno mismo autoriza a todo en esta vida". Prohibidos los tonos grises. Pettenghi vuelve a elogiar la figura del músico y humorista Antonio Reguera. "Falta el himno del 2012, con lo que gustan unas cornetas y unos tambores en Cádiz. Que lo haga Reguera, gran superviviente".
No guarda rencor Pettenghi de su etapa de concejal socialista. "No guardo ni buenos ni malos recuerdos, fue una época más bien grisácea que me sirvió para ver la ciudad desde otro punto de vista". Oh, la cuna de la libertad, donde "los políticos no se hablan entre sí, se chillan en el peor de los casos, o atropellan al adversario". Ayer mismo ocurrió otro episodio nada acorde al espíritu del Doce. "La política debe basarse en el diálogo, los acuerdos y las alianzas". Cádiz no disfruta de tales factores. "Los mismos políticos y los mismos accesos. Menos mal que el nuevo puente servirá para entrar, pero también para salir". El que lo coja pa él.
"Si los asuntos prioritarios en este ciudad son la pista de hielo que no cuaja y la liquidación por cierre de Soriano, apaga y vámonos", piensa en voz alta mientras cuatro encopetados ejecutivos agresivos discuten en la mesa de junto sobre las bajas laborales que aplicarán como aguinaldo navideño para aumentar su competitividad y falta de escrúpulos. Sus sueldos nunca bajarán, qué arte más exclusivo. A lo que iba Pettenghi: "Si ésas son las preocupaciones de Cádiz y nadie protesta por la obra de Canalejas, por ejemplo, que empezó cuando el centro era sólo casco y no urbano, mala cosa".
Biólogo de profesión, "como Ana Obregón en este país de chirigota", Pettenghi destaca sus once años como director del instituto Columela, "los años más felices de mi vida profesional" y los trece años en la Delegación de Educación. Un poquito más de educación, por favor.
Recuerda a su padre, "que fue derivando de su condición de militar a otros estados de su vida, al final se convirtió en un genial tocapelotas" que casi siempre escribía en contramano y quebraba esquemas. "Si eres listo en la vida, y no te duermes en los laureles, y tienes curiosidad por todo, vas cambiando conforme pasan los años". Lo demás se vincula a la resignación. Vale la jugada para Cádiz, "envejecida, conformista, con poca sangre, acomodaticia". Nada reformista. "La imagen de una ciudad de Cádiz política y socialmente viva no es más que un mito, cabe recordar que tras los cohetes de 1812, al cabo de pocos años retornó el absolutismo y la gente dio vivas al absolutismo". Igual que se arrodilló ante Franco. Ejem.
Cuando se jubiló, a Pettenghi le regalaron un libro con sus mejores artículos publicados en el Diario, en especial los que retratan con destreza y originalidad a los tipos y arquetipos de la ciudad. "Salió un ejemplar". Un incunable. Antes de marcharse con sus amigos a la playa, en plan Salvochea, este gaditano tan feliz como autocrítico, que ejerció de padre y madre de sus hijos, que se baña en invierno porque Cádiz es una playa, habla de sus viajes a América, y se detiene especialmente en el mítico desierto chileno de Atacama, donde el horizonte se confunde en tiempo y espacio, como en Cádiz. "Cuando yo era costumbrista ..."

Diciembre 09, Diario de Cádiz

2 comentarios:

Francisco dijo...

Chapó Alcina.
Me ha encantado, me parece de una claridad y agudeza envidiables. Amen de tan... tarantan de Cadiz, que me he destornillado repetidas veces disfrutando de su lectura.
Ole el arte que da mi tierra!
Gracias.

Enrique Alcina Echeverría dijo...

Mil gracias, Francisco, el mérito es de José Pettenghi, un señor muy especial, saludos !!