jueves, 3 de diciembre de 2009

Pioneros de la ruta del toreo

No es la primera vez, y acaso tampoco la última, que un toro con cuernos recorre las calles gaditanas a su libre albedrío. La ruta del toreo no pertenece en exclusiva a Teo, Cameron, Tom y otros concejales del montón, pero en aquella ocasión no se publicaron propagandas a toda plana, ni hubo constancia gráfica del acontecimiento, ni el morlaco dejó tropecientos millones de cartón piedra, ni Cádiz fue bautizada como "ciudad de cine", que es como decir "ciudad de mentirijillas". A decir verdad, el cinco de febrero de 1883 la cosa también quedó en un susto y en el consiguiente cachondeíto, si bien no se chuflearon de nosotros en los telediarios, que se sepa. La Guía Rosetty del año siguiente, consultada por el investigador gaditano Javier Osuna, constata que a las nueve de la mañana del segundo día de Carnaval, sorprendió inopinadamente al vecindario "el paseo triunfal que dio una res gallega de las que se traen al mercado de carnes, cuyo animalito, que era cornialto y de gran tamaño, por vía de broma carnavalesca se permitió la libertad de desmadrarse y dar a correr desaforadamente desde la Puerta del Mar por casi toda la ciudad". Pasen y lean, la historia, tan tragicómica como imperecedera, carece de desperdicio, y deja en pañales a la Fox, con todas sus castas. Hay quien sospecha que los siete toros, siete, aparecerán en la peli de marras escopetados por la calle Barrié, y que nada fue casualidad. Al tiempo.
El toro de 1883 cubrió el siguiente itinerario, según la desternillante crónica: "Duque de la Victoria y San Francisco, Isabel la Católica, algunas calles de San Carlos, Antonio López, Calderón de la Barca, Alameda Apodaca hasta el Carmen, retrocediendo hasta salir por la calle del Puerto, plaza de Mina, Tinte, Rosario, Columela, Horno Quemado, Laurel, Santiago, Villalobos y a su templo, es decir, el Matadero, donde "pagó los sustos causados, que no fueron pocos ni flojos". Las calles se hallaban muy concurridas, claro está, pero no hubo que lamentar desgracias, ni siquiera las gracias sufridas tantos años después. Tampoco hizo falta activar el plan B, ni rastro del plan A, ni exigir medidas de seguridad, ni dar coba al vecindario, ni hacerse foto con el toro, ni activar el dolby sistem. Vaya embolao.
El morlaco, no obstante, en la Alameda "intentó hacer la barba a un barbero ensartándole por los calzones". En otra esquina, "rompió la levita a un carabinero, y a un aficionado al arte de Costillares que quiso ostentar sus disposiciones para la lidia, tratando de cogerle por un cuerno, le tiró un derrote echándole a rodar sin más consecuencias que la de recibir una lección práctica de agrimensura". La virtud de la mesura, un lance desagradable, sin duda, que quedó en pañales si nos atenemos al siguiente relato.
El lance más desgradable, por las funestas consecuencias que pudo haber tenido, ocurrió en la calle Villalobos, donde, llevando tras sí una turba de chicos y grandes que sin cuidarse de sus astas lo perseguía y acosaba sin cesar (ya por entonces había niñatos, angangos y cafres), "tuvo la inoportunidad de presentarse en los momentos críticos en que lo verificaban por la de Cobos la cruz y clero parroquial del Sagrario para acompañar el cadáver de una señora fallecida el día anterior". ¡Cogedlo ahí!
En la angosta calle se hallaban apiñados los ancianos del Hospicio, las hermandades y las bastantes personas que componían el cortejo fúnebre, con lo que gusta en Cádiz un fiambre ... y la carne de toro. La vergüenza ajena y la risa. Las orejas y el rabo.
"El caso, de grave y serio, se convirtió en algunos momentos en cómico, tomando el carácter propio del día, pues a las repetidas voces de "¡ahí viene un toro!", que al pronto se creyeron de broma, sucedió un completo e instantáneo despejo, apresurándose a dejar el campo libre y ponerse a salvo el acompañamiento, los pobres y los bolicheros, arrojando a tierra cirios, faroles y cuanto podía embarazarles en su rápida fuga". ¡Al carajo el muerto! ¡Los muertos quien no! Los clérigos, como era consiguiente, pusieron también pies en polvorosa, quedando en la calle tan sólo el joven que llevaba la cruz, que no se llamaba Tom Cruz, qué va, pero exhibió la serenidad suficiente para resguardarse en un zaguán con ella, sin soltarla por si acaso. Al parecer, el gachó pasó fatiguitas dado el tamaño de la cruz y del acojone, inversamente proporcional a la casapuerta. Sus dotes de actor tal vez superaban las del millonario guaperas abandonado a la cienciología, la secta del mal, digo del mar. Pa que aprendan la Fox y la Loca Academia de Políticos de Ese Lentísimo Ayuntamiento.
"Ido ya el bicho y libres todos del susto mayúsculo, fueron reuniéndose de nuevo y pasado algún rato se logró organizar la suspendida conducción del cadáver a su última morada". Se supone que descansó en paz. Lo mismo que el toro enamorado de la luna, que ofreció un digno babetazo doce años antes de que los hermanos Lumiere inventasen el cine con la única misión de promocionar Cádiz y su Carnaval eterno. Con el séptimo arte de esta ciudad, los toros ya son siete siesos maníos. Y los gaditanos, unos mansos.

Diciembre 09, Cultura, Diario de Cádiz

3 comentarios:

Juan dijo...

Como te comenta Charo en el anterior post, que pechá de reír me he dado. Me gusta el periodismo ilustrado-cachondo de aquella época. No le quedan todavía vueltas que dar a los toros.
Oinnnch, mira que decir que todo pudo estar preparado para darle publicidad a la "penícula", qué cosas tiene usted... o es que acaso cree que tenemos unos tontos munícipes que se ciegan ante "hojiwú" (qué bueno eso de la gente que llamaba a Tom “Cruyff”).
Al final no se depurarán responsabilidades y sólo fue destituido el toro (como cuenta Pepe Monforte).
Te dejo que todavía me duele el "lao" de tanto reírme.
PD.- Poquito a poco voy descubriendo el nuevo disco de Sabina, de consumo lento con tantísimos detalles.
Está güeno esto del Blues del Alambique:
Corazón de Jesús,
tan marrón, tan feeling blue,
Puerto de Santa María.
Salud e ironía una vez al día.

Antonio Cózar dijo...

Estupendo artículo.

Enhorabuena.

Enrique Alcina Echeverría dijo...

Gracias a Juan y Antonio por sus mensajes. Juan, genial lo de Cruyff, jajaja, nos hemos reído con este asunto y no nos han pillado por mansos ... oye, me ocurre lo mismo con el disco de Sabina, voy descubriendo joyas y detallitos, he anotado ya varias cositas para hacer un popurrí o algo por aquí, me quedo de momento con Crisis y con eso de El Puerto de Santa María ... y con otros ramalazos ... si encuentro peros será por el nivel de exigencia, parece que el disco ha cosechado algunas críticas duras, leí algunas y sólo comparto algunas opiniones, Sabina es musho Sabina, me gustan algunas de sus imperfecciones o caprichos estilísticos, si buscan al cantautor perfecto que sigan buscando, me encanta cómo escribe Sabina, salud !!