viernes, 18 de julio de 2008

Llena la burbuja de rock

Esto no es normal. Tal constelación de estrellas no se reúne alrededor de las noches del verano hispano desde tiempos inmemoriales. La música pasa su enésima crisis en contramano. Ahora que no se venden discos, ni tampoco coches ni pisos, el negocio redondo parece haber cambiado de manos, y el chollo, de sector. El ladrillo baila rocanrol sobre su tumba, celebra su huida hacia adelante citando a las viejas glorias de la música internacional, los más grandes del rock y derivados. El "burbujazo" de festivales está a punto de explotar. Los aficionados de toda edad y condición aprovechan la oportunidad. Quienes disponen de dinerito "cantante" y sonante, porque la marea de precios ha subido una barbaridad.
En escasas semanas, han pasado o pasarán por la Piel de Toro un puñado de leyendas de la música, desde Bob Dylan, el mito del rock de mayor relevancia que ha tocado en la provincia gaditana, hasta Tom Waits, que visita este país por primera vez en treinta años de carrera, pasando por el incombustible Bruce Springsteen, quien en su enésima gira por estos lares congregará a más de 250.000 fieles. Se dice pronto. A más de ochenta euros por tirada. Se dice pronto. ¿Dónde está la crisis? En el fondo del mar.
El festival que quebró la convivencia, y disparó cachés y expectativas hasta trastocar los planes de público y organizadores de otros eventos, el cacareado Rock in Río, mostró de primeras la espléndida forma de músicos que en otra actividad se encontrarían a punto de la jubilación y en cuestiones de entretenimiento aún tienen muchas cosas que decir: Neil Young y The Police arrasaron. El trovador canadiense cabalgó sobre su caballo loco en una nueva exhibición de poderío e inspiración, aún resuenan las guitarras afiladas y la dulce y traviesa voz del viejo Young. Algo más jóvenes, pero con la espada del fracaso rondando la cabeza, los Police de Sting, Summers y Copeland desgranaron uno de los mejores espectáculos del verano: rotundo, magistral, fibroso, vibrante. No hay edad. Un par de lecciones a elegir, prueba inequívoca del signo del verano.
Amén de la gira de Dylan, que ha impartido lecciones de música americana por una docena de rincones del país, su discípulo aventajado Springsteen ha retornado a sus orígenes con la sensacional Banda de la Calle E, que rinde tributo a Danny Federici, recientemente fallecido. Aparcadas las baladas bucólicas y festivas, el chico de New Jersey, a sus 59 años, incendió Anoeta, paralizó Barcelona, vuelve a Madrid, sigue los pasos de la gloria con un repertorio de puro y duro rocanrol, grandes éxitos a punta pala, en perfecta comunión con el personal.
Más cerca que nunca, otro de los mitos vivientes (de milagro) del rock, el señor Lou Reed, completará pronto la selección de ases, será en Málaga, teatro Cervantes, cierre de la gira mundial de la ópera rock Berlín, basada en el célebre y oscuro disco homónimo, publicado por el también neoyorquino en 1973, pieza de coleccionistas que el autor ha sacado del cajón. La fecha malagueña del lunes 21 de julio ha sido la única de la gira hispana que no se ha cancelado, así que la ocasión de conocer el inhóspito Berlín que Reed dibujó en su etapa de sombras personales y cúspides creativas parece pintiparada. Entre 60 y 100 euros la localidad. Más de treinta músicos en la escena, un coro de niños, una banda rockera, Lou Reed a la guitarra eléctrica y una escenografía especial configuran el espectáculo estrenado en Brooklyn. Ya se sabe que el veterano Reed, limpio de drogas desde hace décadas, casado con la inclasificable Laurie Anderson, ha dado muchos tumbos por la vida. Hoy se relaja con la meditación. Y sigue en plena forma.
Más sensaciones sensacionales: Tom Waits y Leonard Cohen. El de la voz ronca y aguardentosa deja este país tras una tanda de conciertos hechizantes que han dividido a la afición. Tres décadas ha tardado en venir el gachó, tres noches de canciones metafóricas, expresión gestual, puro teatro de luces y sombras, mitos de las cavernas, y alimento de leyendas. Apoyado por su hijo Cassey a la batería, el genial Waits, de 58 años, tropezó con inconvenientes escénicos pero encantó a sus seguidores. Y Cohen, que retorna a España dos décadas después, reina en Benicassim con su envolvente y esperado espectáculo. El canadiense, a sus 74 años, no suele prodigarse en directo, pero sigue vivo su carisma y su expresión. Curiosamente, muchos de los ilustres visitantes del verano están relacionados de una u otra manera por una etapa imborrable de la historia del rock y por lazos invisibles de estilos y hechuras musicales. Dylan, Young, el Boss, Waits, Cohen, Reed ...
Por muchos discos que hayan despachado, por muchos estadios que hayan colmado a lo largo de sus carreras, estos nombres y otros por llegar no le llegan ni a la suela del zapato de la historia del rocanrol a Chuck Berry, 82 años, medio siglo de rocanrol, pionero de la música que cautivó a los chavales en los años cincuenta, padre negro del ritmo sincopado. Ya se sabe que los blancos robaron a los negros el roncanrol, pero Berry, un tipo duro, que en sus tiempos salvajes pasó temporadas en el Hotel Rejas por tráfico de menores y otras lindezas, ha arrasado en Córdoba y va camino de Estepona, donde compartirá festival con John Mayall, nada más y nada menos: los padres del rocanrol y del blues eléctrico, frente a frente. En Cordoba, el inventor del baile del pato mostró sus credenciales: Roll Over Beethoven, Route 66, Johnny Be Goode ... piezas de arqueología musical que, por mor del vencimiento de licencias de autor, pertencen ya al dominio público, en primera línea de playa.
El guitarrista Gary Moore o el bajista Roger Waters, que inició el verano con un concierto espectacular centrado en la Cara Oculta de la Luna de los legendarios Pink Floyd, se suman a una lista interminable. Este verano trae también a Rem, a los Sex Pistols, a Morrisey, a Herbie Hancock, a Paul Weller y a los brasileños Toquiño y María Creuza y el gran Caetano Veloso, que canta la semana que viene en el castillo de San Sebastián de Cádiz.
Si agregásemos grandes figuras de los años ochenta y noventa, explotaría la burbuja del rock 2008, el acabóse, la noche sin fin que está aliviando la presunta crisis socioeconómica, ya se sabe que los períodos de la historia más críticos han ido acompañado de febriles etapas de creatividad. Amén.
Del chollo inmobiliario al chollo festivalero, el renacimiento de los conciertos al aire libre. Importantes promotores de la cosa rockera, y no advenedizos que están poblando los escenarios del país de dinerito moreno y aviesas intenciones, advierten del inminente pinchazo de la burbuja festivalera. Gay Mercader y los organizadores del Festival de Benicassim coinciden: el boom de este verano, propiciado en gran parte por Rock in Río, ha elevado de forma desmesurada los cachés de los artistas, y de paso la competencia brutal ha causado problemas de infraestructura y logística, no hay suficientes empresas de sonido y luces en este país para cubrir la demanda en tan breve espacio de tiempo. No es normal.



La incultura del ritmo

Llama la atención que las viejas glorias del rock tengan que salvar el cuello a muchos practicantes del culto al ladrillo, convenientemente disfrazados de promotores musicales. En un país siempre abandonado a la cultura musical, cuyo presidente se vanaglioria en público de ser admirador de Melendi y Supertramp --son sus favoritos, tiene delito--, hace un par de décadas surgió la primera burbuja del rock, en este caso rock hispano, en plena ascensión y caída de la edad de oro del pop español. Los ayuntamientos sobredimensionaron a unos, pagaron cachés abusivos, pincharon el globo, y desde entonces no hubo recuperación. Se abre un paréntesis en la provincia gaditana, huérfana de grandes acontecimientos que no sean taurinos, siempre al margen de los circuitos musicales y culturales, viviendo de las migajas, poniéndose la venda. Aqui los ochenta también fueron un espejismo. Y la actualidad, una quimera. Los festivales de bandas de nuevo cuño pasan de largo, los hay por toda España menos en este rincón. Por algo será. Quizá influya de igual modo la cultura del gratis total, la cultura gratis y lo demás a precio de oro. De hecho, la generación de nuevos grupos, que este siglo aporta obras y figuras de gran calidad pero ajenas al público de la radiofórmula en que se ha convertido la vida, se bandea en los límites de la presunta independencia.El imperio de la amnesia, jaleado por la incomprensión y el desdén de los medios, no hace ni caso a las nuevas propuestas (hay grupos y cantantes tan buenos o mejores como los de antes: Quique González, Iván Ferreiro, Lori Meyers, Sunday Drivers, Deluxe) y mantiene en el olvido a las leyendas de décadas anteriores, aquí no hay viejas glorias, aquí se jubila a la mal llamada movida, enterrada en suplementos dominicales y desprecio colectivo. Este verano asiste también a cierto resurgimiento, ya intuido meses atrás, la recuperación de la memoria reciente grupos señeros vuelven a la carga con mayor o menor fortuna. "Que el tiempo no te cambie" es la pieza actualizada por los resucitados Tequila, que vuelven a la carga con su extraordinaria colección de canciones, que tanto influyeron a músicos latinoamericanos y que en España quedó sepultada por la prisa mediática, la enfermedad de los sentidos, nadie escucha, nadie habla, todos consumen nada. Aquí, a partir de los cuarenta, al histerismo dermoestético. Este año han regresado a los escenarios grandes cuarentones del rock hispano: ni caso. La historia, por ventura, está plagada de excepciones y, además, permite revanchas y guiños, certezas e ironías. Ni Dylan, ni Springsteen, ni leches. En agosto, la barbacoa ... Georgie Dann en Castellar de la Frontera.

Julio 08, Verano (Diario de Cádiz)

2 comentarios:

santi dijo...

Enrique, ya lo dijo Ian Anderson: Demasiado viejo para el rock 'n' roll, demasiado joven para morir. saludos.

Enrique Alcina Echeverría dijo...

Efectiviwonder, Santi, gran disco el que comentas, y gran verdad que al final no se cumplió del todo en el rock. Te acuerdas, Mick Jagger dijo que a los 30 ya sería demasiado viejo para el rocanrol, y mira el gachó, hecho un chaval metidito en formol. No hay edad, y en la música, menos. Eso aprendimos con los años. De chicos nos parecían viejos los de la siguiente generación, hoy todo depende, fíjate cómo estuvieron los Police en Madrid, tremendos, arrolladores !! Un abrazooo