sábado, 27 de junio de 2009

Coreografía de espejos rotos

Qué ritmo triste. "Triste y chocante". Así definió ayer Paul Mc Cartney la muerte de Michael Jackson, con el que apenas se hablaba desde que el hermano chico de los Five adquirió los derechos de autor de 261 canciones de los Beatles. La operación fructificó en 1985, en pleno estrellato de Jackson y con el "We are the world" rondando la cabeza del planeta en vías de extinción. Michael ganaba 70 millones de dólares en regalías cada año, casi el doble del precio que pagó, y a Mc Cartney le daba un coraje enorme tener que pagar por cantar sus propias canciones, cuyo catálogo está valorado en mil millones de dólares. Diez años después de la polémica venta, Jackson se deshizo del 50% del cancionero beatle, que quedó en manos de Sony, aunque a principios de este año 2009, el cantante americano amagó con ceder los derechos al bajista de Liverpool para congraciarse con él. Los japoneses no duermen. El dinero nunca muere.
El hombre que blanqueó el alma de la música negra, víctima de la decoloración del soul, el funk, y la música de baile, vengó a sus hermanos de raza, a quienes los rostros pálidos habían robado la esencia del rock & roll hasta convertirlo en puro negocio. Como la muerte del mal llamado rey del pop, puro negocio mediático. "Di adiós al mito del pop, mándale tus últimas palabras", rezaba ayer un diario español presuntamente serio, mientras todos los caminos de internet conducían al morbo. ¿Y si no ha muerto? ¿Y si comparte ahora piscina y paraíso terrenal junto al rey del rock? Reyes destronados celebran la catástrofe mayor por todo lo bajo. Al infierno la fama, las deudas y la locura de los espejos rotos. Jackson se casó dos veces con la hija de Elvis Presley. Elvis murió a los 40 años, gordo, amargado, empastillado. Michael, estrella del videoclip y en parte responsable del ostracismo que sufrió el rock en los años ochenta, amén de culpable del chunda chunda discotequero de la época junto a la otra presunta reina del pop, Madonna, se ha marchado en bancarrota. Y eso que los Beatles, con carácter póstumo, le salvaron de la debacle financiera a mediados de los ochenta. Si Elvis baila hoy el rock de Valcárcel, dicen que vive en Cádiz y que se ha hecho colega de los fantasmas del hospital Mora, Michael Jackson resucita de entre los "zombis", la comparsa de Martínez Ares inspirada precisamente en "Thriler", como el Sheriff se fijó en los cinco hermanitos de marras cuando creó la chirigota "Los Jackson Beibe y Beibe y vuelven a beber". Neverland en Cádiz-Cádiz. Michael Jackson nunca vino a Cádiz, aunque ahora se le espera, pero a cambio actuó en el estadio Carranza otro negrito controvertido, Prince, que en verdad revolucionó la música de baile con más veras. Hasta la victoria final del hip hop. Y la derrota de la máquina de discos.
Michael sólo tuvo novias prodigio, vivió obsesionado con la infancia propia y ajena, se encerró en una burbuja, en cierto modo representó la decadencia de la sociedad, sus delirios de grandeza, el miedo a la libertad, la resistencia a crecer, el alto precio a pagar por mantener la juventud eterna, la cirugía del desastre, la superficialidad y las miradas furtivas al otro lado del espejo. Espejos públicos. Espejos internos, espejos colectivos. Como otros tantos artistas que cayeron en desgracia y fueron devorados por su propio mito, más vale no mentar nombres pues hasta en España se cuentan algunos ejemplos, Michael comenzó a quedarse solo.
Hipersensible, extravagante, trabajador incansable y poco amigo a la luz del día, Jackson nunca se dejó conocer, como tantas figuras del espectáculo, y fue víctima de prejuicios, bromas pesadas, injusticias divinas y giros bruscos del destino. En la presente centuria, su prestigio se hundió en la miseria, merced a sus devaneos con ciertos asuntos oscuros, y su luz se apagó. Nadie olvida, en cambio, leyendas fabricadas por él mismo, posturas egocéntricas o insultos a la razón, pero habría que concederle algunas verdades a su favor como su enorme sentido de la solidaridad, que le convirtió en una de las celebridades que más fondos donó a causas benéficas, y la magia y el tesón con que trabajaba. El productor chileno Humberto Gatica, sobrino de Lucho Gatica, afrimaba ayer desde Nueva York que jamás había conocido a un artista tan concienzudo y serio, prolijo y cabal, que pasaba horas y horas en el estudio. Gatica supervisó algunos de los mejores discos de Jackson, entre ellos "Thriller" y "Bad", cuyos videoclips quebraron esquemas, abrieron puertas e incluso influyeron en el tiempo a tanto programa hartible de bailoteo, a tanta puesta en escena, a tanto musical descafeinado, y por qué no, a tantos artistas en ciernes que encontraron un espejo donde mirarse. Más espejos. El genial músico argentino Charly García, otro que tal baila, dice que la locura significa mirarse en un espejo roto. Michael Jackson llevaba años destrozando vidrieras.
Paradójicamente, ayer lamentaban por todos los rincones la muerte de un tipo tan joven. El siglo pasado, cuando los rockeros aspiraban a dejar un bonito cadáver para la posteridad, a los treinta tacos se consideraba decrépita a una estrella mundial, que le pregunten a su satánica majestad Mick Jagger, que anunció su retirada y ya se acerca a los setenta hecho un pincel. Y no digamos a Keith Richards, que a este paso los va a enterrar a todos. Tópicos a tutiplén, el ambiguo y turbio Jackson, tan perfeccionista en lo suyo como genial a la hora de combinar estilos y ritmos negros, asistió ayer a la retahíla de frases hechas, lenguaje apocalíptico de telediario, quince minutos dedicados a su muerte, que deja desvalidos a muchos aficionados, e incluso a gente que no amaba su música pero creció con ella, y perplejos a otros. Jackson, que musicalmente ya no causaba sensación, eclipsó numerosas noticias y volvió a danzar, frenético, espasmódico y original, en los créditos del día.
La historia de los Jackson define también los vaivenes de la música en las últimas décadas. Encumbraron con su sello particular, esa frescura innata y un arte descomunal impulsado por la gran Diana Ross, a la compañía negra por excelencia, la Motown, precursora de lo que ahora llaman igualdad y difusora de los ritmos afroamericanos en tiempos difíciles, junto a la mítica Chess Records, pero luego rompieron relaciones y ficharon por la poderosa Epic, luego Sony, los dueños orientales de medio mundo, con quien también acabó Michael Jackson a la gresca. Los japoneses, hay que reiterarlo, no duermen.
Qué ritmo triste. Ritmo y blues para la muerte de un hombre que, según Paul Mc Cartney, poseía un "alma dulce" y acaso un enemigo interior que le impidió disfrutar de la coreografía de su vida.

Junio 09, Cultura, Diario de Cádiz

6 comentarios:

Charo Barrios dijo...

Alcina, simplemente genial. Sabía que escribirías algo.
Efectivamente, crecimos con su música, aunque ahora ya no nos dijera nada.

Enrique Alcina Echeverría dijo...

gracias, Charo, pero te invito a leer en Arpias Corner, el blog que aparece en los enlaces, un pedazo de texto sobre Jackson, fantástico.
Vaya vergüenza la que están dando con Michael Jackson, ya tienen otro Lady Di pal veranito de crisis, les ha caído su muerte del cielo, con perdón. Si el cantante era patético en sus últimos años, lamentable lo de los medios y esos fans friquis y ese rollazo mediático que nos rodea. En fin, es verdad que crecimos con él, no me gustaba mucho pero prefiero su música a otras muchas, con el tiempo se verá, creo que dejará una estela imborrable en la música negra ... pero no creo que merezca ocho páginas en El País, por ejemplo, más que las que obtuvo la muerte de Frank Sinatra, por ejemplo. En fin. Me da mucha pena que el hombre acabase peor que los zombis del video, habría mucho que largar sobre el negocio musical, que lo esclavizó desde muy "chiquetito" y lo convirtió en un monstruo. A mí, personalmente, en los últimos años, me daba hasta miedo.
Un saludo dominical con Billy Jean rondando por ahí ;))

Eterna aprendiz dijo...

Vaya título de primera (o de Xeres con equis, la jota que la baile el de la columna que no sabe como quitarse las pulgas del resentimiento que arrastra) y no te digo ná del desarrollo tan bueno (o genial como dice Charo)que haces.
No soy seguidora de M.J. pero se lo curraba tela y sorprendía cantidad, eso ya es muuucho.

Feliz Domingo!!

Enrique Alcina Echeverría dijo...

jejeje ya he captao lo de las pulgas del resentimiento, el que lo coja pa él !! saludos de domingo por la tarde con el sol cayendo y Cat Stevens cantando al viento remolón !!

Eterna aprendiz dijo...

Cat Stevens me gusta cantidad, me recuerda los "guateques" que hacíamos en Cádiz, los de la pandilla de la plazoleta del reloj, jajaja, y ese Cat Stevens que nunca faltaba en los primeros bailes, qué bueno!!

Enrique Alcina Echeverría dijo...

ohhh, también pillé esos guateques, discos de Cat Stevens, el rojo y el azul de los Beatles, Huracán de Bob Dylan, James Taylor, Crosby, Stills, Nash y Young, los Rolling, ohhh